Millones de mujeres desaparecidas, tema de Alberto Canosa en el 16º Congreso de Ciencia y Espíritu en Barcelona

XVI Congreso de Ciencia y Espíritu

– Sábado 16 y domingo 17 de Mayo –

Cómo desenvolvernos en el Planeta Tierra, con la nueva conciencia de nuestro Planeta Agua y desde la perspectiva de un Universo Multidimensional

18 Ponentes presenciales y 7 Ponentes en conexion directa desde sus distintos paises(marcados con “ON LINE”)
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Un pensamiento en “Millones de mujeres desaparecidas, tema de Alberto Canosa en el 16º Congreso de Ciencia y Espíritu en Barcelona

  1. Sedientos de libertad

    Como habían cambiado las cosas allá afuera ¿Acaso habían sido siempre así?, ¿controladas?, ¿fingidas?, ¿con más adornos que cuando se ponen feas? La verdad es que estos tiempos son un misterio, me desconciertan. Y como marchan las cosas en esta provincia no tardarían en relucir de nuevo los puñales, como en aquellos motines, inspirados por legendas de caballería que narraban Los Ancianos, versos como La Tragedia de los Caballeros de la Orden de Otredad ponían mucho énfasis en las hazañas del caballero Abraham Fisher, el Caballero de los Mil rostros, diversos retratos que con el tiempo distorsionaron su verdadera imagen eran distribuidos por sectas de fanáticos, trizas de cartas escritas en gramática ejemplar que saciaban la sed de libertad con la esperanza del rescate de las almas aprisionadas. Sobre el caballero legendario de la lejana ciudad de Otredad, no se supo con exactitud sobre su conducta en su reinado como emperador, ni sobre la procedencia de su Ópalo, que en la traducción significaba “caballo que vuela”, “carreta de fuego”, o “aparato prodigioso”.

    Arreciaba el aguacero. Bajo el árbol que improvisamos de escondite advertimos pasos, rumores y ladridos. Aprovechamos la oportunidad en que se desviaron de ruta los custodios y escapamos, zarpamos desde la isla en embarcaciones halladas en la costa. Después de una semana de viaje costeamos tierras desconocidas. Sin probar pan y con las pieles partidas por el sol caminamos por el vasto desierto con palos y piedras, peleábamos como gladiadores contra hambrientas hienas y serpientes. Fatigados llegamos al pie de un cerro y nos refugiamos en el seno tenebroso de un antro. Al día siguiente amanecer el recorrido durante soles y lunas hasta llegar a una provincia desconocida.

    Mucho se decía de Abraham Fisher, que venía de Tierras de Fuego, que en su caballo volador llamado Ópalo desenvainaba su espada al rescate de los oprimidos, haciendo justicia contra avaros y criminales. Otros decían que vino de Ciudad del Mar, otros decían que pertenecía a Tierras Abajo. Eran contradicciones, interpretaciones erróneas de las metáforas proféticas, otros con sed de libertad sacaban sus puñales alegando que eran trizas apócrifas que infiltraron conspiraciones entre sectas contrarias. Envidias y rencillas trajeron nuevas masacres en el Correccional, antes de entonar sus canciones de guerra, los bailes, repetían los versos sacros en ayunas, cumplían los ritos con amor y esperanza antes de afilar los puñales. Montaba un animal que corría sin agua, luces salían de sus ojos de cristal.

    Podrían ser trizas apócrifas, fabulas, conspiraciones. Aunque eran seductoras teorías los reos empezaron a dudar. Los ancianos inducían a la cordura al mismo tiempo en que hacían su demanda más descarada y absurda: La repetición de versos sacros y en ayunas. Diluían en el rio de reos distintas versiones de la legenda. Isaías Hammer, el alguacil de La Correccional, para atraer la atención de los reos se sirvió de los Custodios para que arrojasen granos de cereal al suelo y así pacificarían el hambre durante El Periodo Orden y Paz. Las trizas de papel fueron quemadas pero Los Comediantes crearon nuevos cuentos que venían desde las imprentas con ilustraciones confusas, representaban nuevas metáforas como el de La carreta que vuela.

    No pudieron mantener mas la comedia mística en el Correccional desde que los ancianos les confesaron no tener todas las respuestas, también acerca de su complicidad con los Custodios. Los ancianos elocuentemente cambiaban de tema hablando sobre recetas para preparar exquisitos platillos. La idea de la libertad es una creencia más para mantenernos controlados- Protestó uno-

    Primero les cortaremos las lenguas. Agarren a ese charlatán de brazos y piernas. Eso, que no escape carajo. ¿Vienen con nuevas mentiras? Tráiganme un puñal de esos. Eso… las lenguas… no volverán a mentir jamás… Cuando nos aburrimos de la tortura lanzamos sus vísceras al corredor, a la vista de Los Custodios. Amaneció otro sol y la libertad seguía incierta, había que inventarla. Motines de los fanáticos tenían que llegar a su final. Como habían cambiado las cosas allá afuera… Fue una realidad. En las provincias liberadas celebramos con bailes, ron y cañonazos. Mucho oro recolectamos para la causa. Cumplimos con lo prometido al Capitán. En el batallón de Los Victoriosos cumplíamos corriendo, repitiendo el himno, poco antes de haber escuchado al General, al Capitán y al Sargento hablar sobre un “pastel”, uno que a pesar de su tamaño gigantesco no alcanzaría para todos. El asunto para mi resultó ser un verdadero misterio.

    Eran solemnes aquellas palabras, fluidas, eran tan refrescantes como rocío en el desierto, llenas de la ternura del sol matinal. Los ancianos nos hablaban sobre lo infinito del universo, veíamos entre las celdas a las estrellas y nos decían: el cambio viene, la evolución es continúa, es una ley esencial que lo rige todo. Solo tendríamos que esperar sumisos, repetir los versos, bailar… ¡jamás cuestionar!… Eso fue en El Correccional, ahora estamos en una provincia lejana, en búsqueda de Otredad y de Abraham para que nos guiase hacia la libertad. Y que la libertad…. El viejo Jimmy Brandy lo negó todo, desmintió su existencia mostrándome en su libro polvoriento viejas comedias donde retrataban en curiosas ilustraciones semejanzas con las trizas.

    El problema de las plagas prosperaba entre los provincianos. Y sobre todo en su cabaña. Las ratas y huácaras abundaban multiplicándose, salían como debajo de las piedras. ¿O acaso las traería la lluvia? Yo escribía un cuento y entre carcajadas el viejo lo leía. Aquello para mí era como en juego, pero él se lo tomaba “tan en serio” que hasta le seguí la corriente sentado en una de sus destartaladas sillas de madera. ¡Este cuento tuyo va a causar un impacto mundial!…. ¡Una gran masacre. Yo tenía miedo, creía que se iba a morirse de un ataque de asma, estaba colorao’. Colorao’ si, pero de la risa, explosiones constantes de carcajadas de aquel visionario. Le gustaba mucho, pero lo que no mucho, era el final. Mejor dicho. Lo detestaba. El de “los indios viendo al cielo y todos quedaban en paz”.

    ¿A dónde te fuiste Fisher? ¿Y las cartas? No había subido el humo lo suficiente. ¿Verdad?… ¿Lo ven?… No lo ven… No nos oyen… Pero ya verán más tarde. No volverán a mentir jamás… Nosotros tampoco tendríamos todas las respuestas, éramos peces en la red y seguro aguardarían nuevas leyendas dentro de nosotros y allá afuera, donde las rocas no son rocas y los misterios se pelean a caballo contra gigantescos molinos, contra carretas que vuelan, hacia la luna… ¡O lo que sea!… Yo haré la mía lejos, en mi búsqueda de la libertad imposible.

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