Estimado extraterrestre:

Estimado extraterrestre, lo he visto intentando conquistar nuestro planeta (La Tierra, ese que queda a tres lugares desde el sol, usted agarra por la Vía Láctea, se va como para el borde, por ahí de pasada ve un planeta con anillos, ese es Saturno. Sigue derecho como yendo para la estrella más brillante y tarde o temprano se encuentra con nosotros).

Cada vez que ustedes han intentado invadirnos, han fracasado. Que se pescan una gripe, que lo sacamos a los tiros, que les metemos un virus a sus computadoras, que descubrimos alguna porquería que los mata.
No lo voy a engañar, estimado extraterrestre, un poco disfrutamos con sus fracasos. Pero el problema es que cada invasión suya nos cuesta un platal, dejan todo hecho un lío y hay que ponerse a reconstruir todo. El gremio de la construcción puede que se frote las manos, pero es un incordio.
Además de ser muy malo para los negocios, eso de dejar a la población diezmada tampoco nos hace demasiada gracia, sabrá que morirnos es algo que nos hace pésimo a la salud.
Es por eso que le escribo, estimado extraterrestre. Veamos si podemos llegar a un  acuerdo.
A lo mejor esa actitud que ustedes tienen de venir con sus naves gigantescas y sin decir “rayo va” empezar a romper todo nace de un prejuicio. Quién le dice, podemos negociar.
Para empezar, ¿qué quieren de nosotros? A lo mejor se los podemos dar sin necesidad de ponernos beligerantes. Suponga que quieren, no sé, agua salada ¡Tenemos muchísima! Y la usamos para hacer surf, para ir de crucero, mojarnos las patas en las vacaciones, para pescar, y no mucho más. Ni siquiera nos la tomamos. Claro que no se pueden llevar toda, toda, pero a lo mejor unos trillones de litros que hagan que el nivel de los mares baje un milímetro no nos mueve ni un pelo. Es más, hasta nos hacen un favor, porque parece que se están derritiendo los polos.  Puede ser que algunos ecologistas protesten un poco, pero los tenemos bajo control. Qué se yo, si ustedes tienen alguna máquina para clonar, les hacen unas ballenas y se quedan chochos de la vida.
A cambio del agua salada, les pediríamos algo que a ustedes les saliera gratis, o casi. Con su tecnología superior, seguramente han desarrollado algún artilugio que nos viniera como anillo al dedo. Puede ser cualquier cosa, somos como niños. Se me ocurre que un horno de microondas que caliente las empanadas sin ponerlas húmedas y babosas bien vale unos litros de agua.
Y así con todo: ¿Les sirve la sangre humana? Se sorprenderían de la cantidad de voluntarios que donarían un litro por mes a cambio de un teléfono celular que funcionara o un aparato para bajar la panza que diera resultado.
Es posible que a pesar de estar captando nuestras señales de televisión durante años, en realidad sepan poco de nosotros, que cuando se plantean un negocio como los que describo arriba en seguida piensen “no, no van a aceptar, mejor los matamos a todos”.
Miren, hablen con los políticos, ellos son expertos en presentarnos las cosas en términos en los que uno cree que está ganando, o que al menos lo que pierde es soportable. Probablemente nos conozcan como una especie belicosa y rebelde, pero se olvidan de nuestro costado comercial y corrupto, que es muchísimo más fuerte. De hecho nos ponemos belicosos solamente después de que nos fallan los negocios.
Puede ser, sin embargo, que lo que ustedes pretendan es quedarse a vivir aquí. A lo mejor el planeta de donde ustedes vienen se volvió inhabitable, o ya son muchos y no caben, o hace mucho calor, o el gobierno es una porquería y ustedes son exiliados. Bien, volvamos a negociar. ¿Cuántos son ustedes? ¿Necesitan toda, pero toda la Tierra? A lo mejor les alcanza con una parte, o pueden vivir bajo el mar. Hay lugares que nosotros no visitamos nunca, como Australia. Es casi todo un continente, y los australianos son tan sufridos y reservados que cuando los vean paseando por Sydney arrastrando tentáculos se van a encoger de hombros y los van a invitar a tomar un cerveza. Nuevamente, vean qué pueden dar a cambio de la hospitalidad local, en el caso particular de estos muchachos quizás se conformen con que no los molesten y no se coman todos sus canguros.
La misma forma de proceder puede servir con otros lugares de los que no tenemos casi noticias: Islandia, parte de África, un montón de ex repúblicas soviéticas. Pero no se acerquen a Noruega, se pueden llevar una sorpresa.
La posibilidad más inquietante, sin embargo,  es que ustedes simplemente nos odien (seguramente a causa de haber captado nuestras señales de televisión). No podemos hacer mucho con eso. No soy la persona indicada para hablarles de la bondad inherente en cada ser humano, de la inteligencia de una especie que mata a sus congéneres ante la primera oportunidad, de nuestra proyección estelar y nuestros planes para llevar nuestro mensaje de amor y paz por toda la galaxia cuando no podemos hacer que un tren llegue a horario.
En ese caso, estimado extraterrestre, mi consejo es que procedan a aniquilarnos en la forma más rápida, eficiente e indolora posible. Ni piensen en esclavizarnos, les saldría carísimo. Ya somos poco productivos cuando nos pagan un salario, imagínense la calidad de nuestro trabajo si nos obligaran a hacerlo a punta de pistola de rayos. Si nos pusieran, por ejemplo, a construir las naves de guerra que les servirían para conquistar otros planetas, nos las arreglaríamos para reemplazar la aleación secreta que ustedes utilizan por planchas de cartón para vender el metal en el mercado negro. Pondríamos doce remaches donde van cincuenta. Rebajaríamos el combustible y cargaríamos las baterías por la mitad. Algunos lo haríamos para ahorrar trabajo, otros para sacar una ventaja, otros por negligentes o por no haber prestado atención durante el lavado de cerebros.No, no valemos como esclavos.
Entonces, solo queda suprimirnos. Entiendo que sean reluctantes a esta idea, visto el fracaso de sus tentativas anteriores. Lo que no puedo creer es que no hayan extraído ninguna enseñanza de ellas. Oigan ¿Qué es eso de destruir un planeta ciudad por ciudad, edificio por edificio? ¡Así no van a terminar nunca!
Y teniendo esa naves enormes que oscurecen el cielo, ¿Cuál es la necesidad de enviar las pequeñitas con un solo tripulante? Y, colmo de los colmos, ¿para qué demonios mandan a la infantería? De veras que no entendieron nada Nos encanta disparar con nuestras arma a todo lo que se mueve, y ustedes nos ponen adelante a unos seres medio monstruosos (sin ánimo de ofender, seguramente nosotros tampoco les parecemos muy bonitos a ustedes) , completamente desnudos y con unos lanzarayos sospechosamente parecidos a las armas que aparecen en los videojuegos que entretienen tanto a nuestros jovencitos. Falta que cada vez que les volamos la cabeza a sus soldados aparezca en el aire un cartel con los puntos que ganamos. Además, todo el mundo sabe que ninguna civilización extraterrestre, por más avanzada que sea, puede ganarle una guerra al Ejército de Estados Unidos.
Vamos, muchachos. No puedo creer que se hayan pasado los últimos cincuenta o sesenta años secuestrando seres humanos solamente por el placer de introducirles sondas por todos los orificios, soltarlos luego en un descampado y reírse de que nadie les crea. Seguramente a esta altura han descubierto alguna forma de mandarnos al otro barrio sin escalas, barata, eficiente y limpia, y sobre todas las cosas, que no requiera que ustedes bajen al planeta a interactuar con gente tan desagradable como nosotros.
Y hablando de interactuar, descarten de plano esa idea loca de crear una raza híbrida. Quitando el hecho de que sus hembras son espantosas (porque hay gente para todo, vean) incluso si tuvieran éxito al mezclar sus genes con los nuestros, saldrían perdiendo. Les juro. Nuevamente, vean nuestra televisión. ustedes no quieren eso en la constitución psicofísica de ninguna especie. En serio.
Resumiendo, querido extraterrestre, o negocian o nos borran de la galaxia de un plumazo. Cualquier cosa intermedia está destinada al fracaso.
Después no digan que no les avisé.
Buenas noches.
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